La Bendición Aarónica
- Mikey Gonzalez
- 26 feb
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22 Jehová habló a Moisés, diciendo: 23 Habla a Aarón y a sus hijos y diles: Así bendeciréis a los hijos de Israel, diciéndoles: 24 Jehová te bendiga, y te guarde; 25 Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; 26 Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz. 27 Y pondrán mi nombre sobre los hijos de Israel, y yo los bendeciré. (Números 6:22-27)
Esta bendición, llamada la Bendición Aarónica o Bendición Sacerdotal, lleva el nombre de Aarón, el primer sacerdote designado del Tabernáculo y ha sido proclamada repetidamente sobre el pueblo de Israel y los creyentes a lo largo de las generaciones.
CONTEXTo
Con la ley del nazareo, Dios dio regulaciones para purificar el campamento y preparar al pueblo para la adoración mientras se dirigían a la tierra prometida. En este contexto, se dio la Bendición Aarónica, no solo para aquellos que asumieron el voto nazareo, sino para todas las personas. Cuando estos viajeros israelitas estaban a punto de emprender su aventurosa travesía, nada podía ser de mayor consuelo que la garantía de que Dios los bendeciría con su favor y protección. Y así, desde aquel tiempo, el sacerdote proclamaba la bendición de Dios al final del servicio matutino diario en el templo, luego en las sinagogas y hasta hoy en las iglesias, donde los pastores la proclaman sobre sus congregaciones.
La proclamación de esta oración por parte de los sacerdotes era una declaración llena de confianza, no una simple petición, afirmando que Dios, la fuente de todas las bendiciones, ciertamente bendeciría a Su pueblo. También servía como un recordatorio de la bendición del pacto y la promesa que Dios originalmente hizo a Abraham.
Pero Jehová había dicho a Abram: "Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra." (Génesis 12:1-3)
Desde el principio, la bendición fue destinada a ir más allá de Israel, extendiéndose a todas las naciones. Esto se reafirma en el Salmo 67, donde el salmista conecta la Bendición Aarónica con las promesas originales de Dios a Abraham.
"Dios tenga misericordia de nosotros, y nos bendiga; Haga resplandecer su rostro sobre nosotros; Selah Para que sea conocido en la tierra tu camino, En todas las naciones tu salvación" (Salmo 67:1–2)
ser bendecido
En la mentalidad hebrea, la "bendición" era tanto segura como específica, una vasta gama de dones invaluables que el dinero jamás podría comprar. Abarcaba tesoros como el amor humano, el regalo de los hijos, el gozo de la vida familiar, el consuelo del hogar y la seguridad de cosechas abundantes. Estas bendiciones no eran el resultado de su inquebrantable devoción, sino que fueron otorgadas por la infinita generosidad de Dios, quien suplía sus necesidades a pesar de su incapacidad para merecer tal gracia.
El dador de todas estas bendiciones es el SEÑOR, enfatizado en cada aspecto de la bendición. El SEÑOR había marcado a Su pueblo con Su nombre como su generoso dador (24a), fuerte protector (24b), amigo fiel (25a), amante perdonador (25b), socio confiable (26a), proveedor abundante (26b) y dueño único (27). El pueblo de Dios era Su posesión más preciada y Él había determinado suplir todas sus necesidades.
Cada línea coloca al SEÑOR como el sujeto central, seguido de dos verbos: el primero expresa (invoca) el movimiento de Dios hacia Su pueblo, y el segundo representa Su acción en favor de ellos.
Jehová te bendiga, y te guarde
En el Antiguo Testamento, la bendición de Dios a menudo se manifestaba en abundancia material, reflejando Sus promesas del pacto de prosperidad, tierra, fertilidad, salud, victoria, fortaleza y paz (Gén 24:35; 28:3; 35:12; Deut 7:12–16; 28:3–14; Sal 29:11). En el Nuevo Testamento, Jesús redefine el concepto de bendición, trasladando el enfoque hacia las riquezas eternas. Él recuerda al pueblo de Dios que la verdadera plenitud no se encuentra meramente en la provisión terrenal, sino en la abundancia perdurable de Su reino. En última instancia, estas dimensiones de bendición no están en oposición, sino que trabajan juntas, con el propósito supremo de que mantengamos nuestros ojos en Dios – de quien y hacia quien son todas las cosas.
"El Señor te guarde“ es una declaración de la protección de Dios, asegurando a Su pueblo que Él los guarda de todo lo que pueda amenazar Su bendición (Salmo 121). Jesús afirma esto cuando enseña a Sus discípulos a orar: "Líbranos del mal" (Mateo 6:13), y cuando intercede por su protección (Juan 17:15). Mientras Israel se preparaba para emprender el viaje hacia lo desconocido, enfrentando los peligros por delante, su defensor y guía omnipotente – manifestado como una nube durante el día y fuego durante la noche – garantizaba Su presencia protectora. La misma promesa se mantiene para todos los que ponen su confianza en Él.
Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia
La frase "El Señor haga resplandecer su rostro sobre ti" es una metáfora vívida, que retrata a Dios como luz, una imagen central en la Biblia de Su presencia y gloria (Salmo 31:16; 67:1; 80:3, 7, 19). Cuando el rostro de Dios resplandece sobre Su pueblo, significa Su agrado y favor. Significa que Él será bondadoso, librando a Su pueblo de la aflicción, respondiendo a sus oraciones y salvándolos de enemigos, enfermedades y pecados. Esta bendición sacerdotal no solo afirma la presencia radiante de Dios, sino que también anticipa un tiempo cuando todos los que reciban Su bendición experimentarán Su rostro resplandeciente, tal como lo hizo Moisés, sabiendo Su aprobación y reflejando Su resplandor en sus vidas cotidianas.
El segundo verbo es traducido distinto en varias versiones. RV60 dice misericordia, NVI dice que "extienda su amor". La palabra original es ḥā·nǎn, en Hebreo, y la esencia de la palabra incorpora y se acerca más a las palabras clemencia y misericordia aunque no hay una palabra exacta para esta. La frase, indiferente a la palabra escogida por el equipo de traducción, desarrolla aún más el significado de la luz y el favor de Dios. Habla de una amabilidad inmerecida: la misericordia de un superior hacia un inferior, donde el receptor no tiene derecho alguno sobre el dador. Esta verdad está poderosamente personificada en el propio Aarón, quien fue el líder de la rebelión idólatra de Israel, y ahora es un hombre perdonado proclamando la abundante misericordia de Dios. A través de estas majestuosas palabras, él declara la gracia de un Dios que no guarda el mal pasado – ni ningún otro pecado – contra Su pueblo.
¡Oh Jehová, Dios de los ejércitos, restáuranos! Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos. (Salmo 80:19)
Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz
"El Señor alce sobre ti su rostro" transmite la idea de que Dios mira a Su pueblo atentamente con favor y aprobación. Mientras que "resplandecer" se refiere a la calidez de Su mirada benevolente, levantar Su rostro significa Su atención activa, considerando sus palabras, súplicas y acciones (Gén 43:29; Sal 4:6; 34:15). Esta seguridad refleja la verdad de Salmo 121 – que Dios cuida de Su pueblo, ni dormita ni se aparta. Tener Su rostro levantado sobre ellos es saber que son vistos, escuchados y considerados con gracia por su Señor amoroso y siempre presente.
Esta seguridad es para la paz. Paz con Dios y con las personas. La paz (šālôm) en hebreo es más que la ausencia de conflicto; significa integridad, bienestar, salud, prosperidad y salvación, la plenitud de los buenos dones de Dios. Fundamentada en la idea de plenitud, šālôm abarca tanto las bendiciones externas como la tranquilidad interior, la profunda certeza de que Dios provee todo lo necesario para el viaje de la vida. A lo largo de las Escrituras, la paz está ligada a la presencia de Dios, Su favor y la reconciliación que Él ofrece a través de Cristo. Mientras muchos buscan seguridad en la riqueza material, el verdadero šālôm trae la satisfacción y realización que solo Dios puede dar.
Proclama la bendición
De principio a fin, esta bendición crece en repetición e intensidad, revelando el deseo de Dios por la plenitud de la vida para Su pueblo. Él es Dios, un Padre amoroso que no retiene, sino que provee y cuida fielmente a Sus hijos. Por lo tanto, seguimos proclamando la bendición del Señor sobre Su pueblo (judíos y gentiles), sabiendo que Él no ha cambiado y recordándoles Su carácter, fidelidad y compromiso inquebrantable con nosotros.
"Y pondrán mi nombre sobre los hijos de Israel, y yo los bendeciré." (Números 6:27)
REFERENCIAS
Todas los versículos son tomados de la versión Reina-Valera 1960, al menos que diga lo contrario
Dale A. Brueggemann, “Numbers,” in Cornerstone Biblical Commentary: Leviticus, Numbers, Deuteronomy, ed. Philip W. Comfort, vol. 2 (Carol Stream, IL: Tyndale House Publishers, 1996).
Gordon J. Wenham, Numbers: An Introduction and Commentary, vol. 4, Tyndale Old Testament Commentaries (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 1981).
Victor Harold Matthews, Mark W. Chavalas, and John H. Walton, The IVP Bible Background Commentary: Old Testament, electronic ed. (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 2000).
R. Dennis Cole, Numbers, vol. 3B, The New American Commentary (Nashville: Broadman & Holman Publishers, 2000).
Raymond Brown, The Message of Numbers: Journey to the Promised Land, ed. Alec Motyer and Derek Tidball, The Bible Speaks Today (England: Inter-Varsity Press, 2002).