Ayuno y Oración
- Mikey Gonzalez
- 18 mar
- 4 Min. de lectura

Muchos creyentes alrededor del mundo están ayunando actualmente por la Cuaresma, una temporada de reflexión y arrepentimiento en preparación a Semana Santa. Tal vez seas uno de ellos, o quizás, después de leer esta publicación, te sientas inspirado a empezar a ayunar tú mismo. El ayuno se ha practicado durante siglos y está profundamente arraigado en la historia judeo-cristiana. Es una práctica profundamente bíblica.
¿Por qué debemos ayunar?
Quizás te preguntes por qué el ayuno es importante y cómo deberías hacer el acercamiento. Hay muchas razones espirituales para ayunar, pero permíteme mencionar algunas motivaciones clave y un tema central que recorre a través de todos los ayunos en la Biblia.
En las Escrituras, el ayuno suele marcar un tiempo sagrado de buscar el rostro de Dios y humillarnos ante Él. Aquí tienes algunos ejemplos:
Día de la Expiación – Los israelitas ayunaban anualmente para humillarse y celebrar el perdón de Dios por sus pecados (Levítico 16).
1 Samuel 7 – Los israelitas ayunaron para arrepentirse y realinear sus corazones con la voluntad de Dios.
Joel 1:13-15 – En el tiempo de crisis, el pueblo de Dios respondió con oración y ayuno.
Daniel 10:3 – Daniel ayunó para buscar sabiduría, entendimiento y un avance para su generación.
Ester 4:16 – Ester ayunó para pedir el favor y la misericordia de Dios y del rey para salvar a su pueblo.
Mateo 9:14-15 – Jesús les dice a sus discípulos que ayunarán cuando Él ya no esté con ellos.
Hechos 13 – La iglesia en Antioquía ayunó mientras buscaba la dirección de Dios, lo que llevó al envío de Pablo y Bernabé en su misión.
Todos estos ejemplos reflejan como el ayuno crea espacio para buscar al Señor y luchar por la plenitud de Sus propósitos, no solo para individuos, sino también para comunidades enteras, naciones e incluso el mundo. Su propósito final implica Su reino y Su presencia manifiesta aquí en la tierra.
¿Cómo ayunar?
El ayuno bíblico generalmente implica abstenerse de alimentos, pero no se limita a eso. También puede significar renunciar a los medios, el entretenimiento u otras comodidades por un período de tiempo. La mayoría de los ayunos en las Escrituras duraron entre un día y 40 días.
El ayuno es una forma de involucrar todo tu cuerpo en la oración. Al restringir los apetitos físicos o carnales, te posicionas en rendición, reconociendo que solo Dios puede satisfacer tus anhelos más profundos. El ayuno permite que el Espíritu Santo revele tu verdadera condición espiritual, lo que lleva al quebrantamiento, arrepentimiento y la transformación.
El ayuno y la oración van de la mano
El ayuno siempre debe ir acompañado de la oración, tanto personal como en comunidad. Cuando el pueblo de Dios ayuna con un espíritu quebrantado, arrepentido y humilde, Él responde. Él sana vidas, iglesias, comunidades, naciones y el mundo. El ayuno y la oración pueden traer transformación.
Considera a Nehemías; Nehemías inicialmente lloró, lamentó, ayunó y oró por el estado de Jerusalén (Nehemías 1:1-4). Su intercesión luego abrió la puerta para que Esdras y los sacerdotes proclamaran la Palabra de Dios tan poderosamente que llevó al arrepentimiento colectivo y a un compromiso renovado con la Ley de Dios (Nehemías 8:8–18).
A través del ayuno, nos vaciamos a nosotros mismos para hacer espacio y tener más de ÉL. A través de la oración, expresamos nuestro anhelo por Su presencia y cercanía. Esta es la razón por la que Jesús dijo que ayunáramos, en anhelo y lamento por Él, Su cercanía, Su presencia manifiesta entre nosotros y el establecimiento completo de Su reino.
Entonces vinieron a él los discípulos de Juan, diciendo: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos muchas veces, y tus discípulos no ayunan? Jesús les dijo: ¿Acaso pueden los que están de bodas tener luto entre tanto que el esposo está con ellos? Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado, y entonces ayunarán. (Mateo 9:14-15)
En el lugar de ayuno y oración, estamos redirigiendo nuestros corazones hacia los verdaderos placeres celestiales, dejando que Dios satisfaga nuestros anhelos más profundos. Cuando ayunamos, absteniéndonos de algo físico, naturalmente se crea espacio para recibir algo espiritual. Por eso es crucial considerar en qué te estás alimentando en lugar de lo que has dejado atrás. Al hacer espacio en tu corazón y quitar las distracciones, ¿con qué estás alimentando tu alma? ¿Te vuelves hacia la oración? ¿Pasas tiempo leyendo, estudiando y meditando en las Escrituras?
Él respondió y dijo: Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. (Mateo 4:4)
Cuando enfocamos nuestra atención en Dios y a través del ayuno y la oración hacemos más espacio para Él en nuestros corazones, Él alimenta nuestras almas y también nos equipa para tareas adicionales que el Señor pueda tener para nosotros al traer Su reino aquí en la tierra, tal como lo hizo con Pablo, Bernabé y muchos más.
¿Tienes hambre de más de Dios? ¿Anhelas a Jesús? Entonces, ayunemos y oremos.
10 Consejos prácticos para el ayuno
Ayuna algo significativo – Elige algo que realmente te cueste.
Evita distracciones – Utiliza el tiempo ganado para buscar a Dios en oración y en las Escrituras.
Establece metas claras – Define el enfoque y los objetivos de oración de tu ayuno.
Determina la duración – Decide cuánto tiempo ayunarás antes de comenzar.
Ayuna con alguien – El asociarse con otros trae ánimo y responsabilidad.
Prepárate físicamente – Entra y sal del ayuno con cuidado.
Espera oposición – Ora todos los días por gracia para perseverar.
Mantén la humildad – No te jactes de tu ayuno.
Está abierto a la voz de Dios – Presta atención a los sueños, visiones y palabras de Dios.
Confía en el tiempo – El avance a menudo llega después del ayuno, no durante.
Que venga el reino de Dios en la tierra como en el cielo, mientras ayunamos y oramos y redirigimos nuestros corazones, mentes y almas a Dios, el único que puede verdaderamente satisfacer, sanar y salvar.
REFERENCIAS:
International House of Prayer - Living the Forerunner Lifestyle: Fasting Guidelines